Historia

Posiblemente El Atazar tiene su origen en un campamento islámico que con la conquista de la Villa de Buitrago, en 1083 por Alfonso VI, pasó a ser una aldea dependiente de la villa. Su sucesor Alfonso VII proclamó en 1134 la necesidad de poblar este territorio con asentamientos permanentes que surgieron como agrupaciones de cabañas de pastores, consolidándose como aldeas. Buitrago es la cabeza de una comarca dedicada a la producción ganadera, como recuerda el lema de su escudo de armas "Ad alenda pecora", para alimentar el ganado. Esto explica las comunidades de pastos establecidas con las Villas de Uceda, Hita y Guadalajara, que confirmó Fernando III en 1227.

Vista del Embalse de El Atazar

Aunque hubo una adscripción a la "Comunidad y tierra de Segovia" debido a su repoblamiento por segovianos procedentes de Sepúlveda, en 1289 Buitrago aparece como señorío de Iñigo López de Orozco quién lo dio en dote a su hija cuando en 1331 se casó con D. Pedro González Yánez, montero mayor de Alfonso XI. Este señorío pasó por herencia a la casa de los Mendoza en 1475, cuando los Reyes Católicos les otorgaron el título de Duques del Infantado y el Alcázar de Guadalajara.

En estas fechas, según el Libro de la Montería de Alfonso X!, existían en El Atazar dos asentamientos hoy desaparecidos: La Venta de La Paradilla, que dio nombre al Pico de La Venta y a la Peña de La Paradilla, y Santa María de La Encina, despoblado del tiempo de los moros como señalan los vecinos. Su espadaña permaneció en pié largo tiempo, aunque en la actualidad sólo quedan escasos restos que se conocen como El Santorroto.

A finales del Siglo XV, el 20 de Abril de 1490, Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, concedió a El Atazar el título de villazgo, al tiempo que a Puebla de la Sierra y a La Hiruela, más que por su importancia, por la dificultad de gobierno originada por su lejanía y aislamiento. Gracias a este título, el alcalde de El Atazar podía dictar justicia ordinaria, aunque las causas criminales se juzgaban en la audiencia de Buitrago y el resto en la Corte Ducal de Guadalajara. Además, aparte de a Buitrago, la Villa pagaba sus pechos y alcbalas directamente al mayordomo del Duque. También podía tener cárcel o picota propios, aunque de estos elementos no hay constancia y no se conserva del perdíodo más que una cruz gótica en la iglesia parroquial (de este Siglo o del anterior).

SIGLOS XVI, XVII y XVIII

Los S. XVI y XVII, están poco documentados aunque existen fuentes paralelas, como las Ordenanzas de Villa y Tierra (versiones entre 1567-1586), donde queda reflejada la organización de la Tierra de Buitrago para la explotación colectiva de los pastos y los montes. Dado que el Señorío era solo jurisdiccional: el Duque cobraba rentas, dictaba justicia y nombraba cargos como el de Corregidor, quedando el territorio organizado de forma comunal a través de organizaciones como la de Villa y Tierra, regidas por procuradores, quienes representaban a los distintos “Quartos”, que se reunían bajo presidencia del corregidor, adoptando decisiones por mayoría. Así, El Atazar pertenecía al Quarto de las villas eximidas, junto a Puebla de Sierra y La Hiruela, cuyos alcaldes a su vez, elegían directamente a su procurador. Otras muchas ordenanzas eran las de "Defensa de los Montes", las de Conveniencias (comunidades de pastos), las de "Caza y pesca", las de "Ganados", para proteger los cultivos de los daños que causaban los rebaños. Con este mismo fin se redactaron en Robledillo unas ordenanzas particulares de Viñas, para proteger y regular su explotación, que afectaban a El Atazar, ya que también tenía viñedos, aunque la uva no se empleaba para elaborar vino.

Los censos constituyen otra fuente útil de datos, por los que podemos conocer la evolución de la población: en 1548, El Atazar contaba con 24 vecinos; en 1647 había 15; en 1656 había 17 y en 1670 sólo 14. En 1585 el Concejo de El Atazar solicita permiso al Duque para que determinadas rentas se destinasen a la reconstrucción de la Iglesia de Santa Catalina, cuyo presbiterio pudo proceder de esta época, aunque el resto sea barroco. En este tiempo ya existía el molino harinero de El Riato, aunque era propiedad de Robledillo. También debió existir un batán, ya que los vecinos de Robledillo dicen lavar sus paños en La Puebla o El Atazar, cuando solicitan al Duque licencia para construir uno. Asimismo, también debe datar de estas fechas la Fuente Vieja, parecida a las de Manjirón y Puebla de la Sierra, fechada esta última en 1589.

En el Siglo XVIII se alcanza el máximo histórico poblacional con los 212 habitantes del Censo de Aranda de 1768. Por el Catastro de la Ensenada de 1751 sabemos que El Atazar contaba con 56 casas de habitación, dos casi arruinadas, para alojamiento de los vecinos que cultivaban 1.130 fanegas de las casi 3.000 del término para la producción de trigo y centeno. Además, se regaban a mano tres fanegas de huertos y se vendimiaban 10 fanegas de viñedos, no existiendo otro tipo de frutales.

El ganado contaba con 92 cabezas de vacuno, casi todo de labor, 100 de porcino, 30 jumentos, cuatro mulas, 660 ovejas esquiladas en Buitrago y 4.000 cabras. También se explotaban 60 colmenas y se aprovechaban para pastos 550 fanegas de la dehesa del concejo (12 fanegas del ejido). En la dehesa crecían robles y fresnos y en el resto del término había quejigos y jarales y 250 sauces plantados por ordenanzas reales. La industria consistía en el citado molino de El Riato y la fragua que atendía el herrero de Robledillo. También había una taberna administrada por cargo concejil, cuya renta se destinaba para pagar el impuesto de millones, y residía un cirujano y un escribano de fechas, a los que daba una cantidad el concejo al igual que al sacristán porque tocase a nublo e hiciese el monumento (para administrar los sacramentos venía un clérigo de La Merced residente en Alpedrete).

El Atazar en los días más frís del Invierno

El ganado contaba con 92 cabezas de vacuno, 100 de porcino, 30 jumentos, cuatro mulas, 660 ovejas y 4.000 cabras. También se explotaban 60 colmenas y se aprovechaban para pastos 550 fanegas de la dehesa del concejo (12 fanegas del ejido). En la dehesa crecían robles y fresnos y en el resto del término había quejigos y jarales y 250 sauces plantados por ordenanzas reales. La industria consistía en el citado molino de El Riato y la fragua que atendía el herrero de Robledillo. También había una taberna administrada por cargo concejil, cuya renta se destinaba para pagar el impuesto de millones, y residía un cirujano y un escribano de fechas, a los que daba una cantidad el concejo al igual que al sacristán porque tocase a nublo e hiciese el monumento (para administrar los sacramentos venía un clérigo de La Merced residente en Alpedrete).

SIGLOS XIX Y XX

En 1812 en las Cortes de Cádiz comienza el proceso de abolición de los Señoríos, terminando así el sistema feudal que condicionó el desarrollo de la tierra de Buitrago durante siglos. En 1833 se establece de modo definitivo la nueva división territorial de España, pasando El Atazar a integrarse en la Comunidad de Madrid (deja la Intendencia de Guadalajara). Tres años después, la desamortización de Mendizábal supuso la enajenación de seis fincas pertenecientes a la Iglesia y siete a la Cofradía de Ánimas. También en estas fechas desaparecen dos importantes organizaciones sobre las que se sostenía la tradicional economía ganadera de la comarca: La Mesta y El Común de Villa y Tierra. Las fincas pasan a los Ayuntamientos, aunque por su carácter de montes públicos, desde 1845 se administran desde el Ministerio de Fomento. Sin embargo, en 1855 con la desamortización de Madoz los bienes comunales salen a la venta y en 1860 se ven afectadas 307 hectáreas de las 3.000 del término. En este momento (1855) la población alcanza los 200 habitantes, y El Atazar pasa a ser un agregado de Robledillo de la Jara, a cuya jurisdicción permaneció adscrito hasta 1928. Al terminar la Guerra Civil, El Atazar tenía 135 habitantes que bajaron hasta 127 en 1950 y a tan sólo 88 en 1990.

El descenso poblacional vino acompañado de una reducción de la superficie de terreno cultivable, que actualmente se limita a pequeños huertos en las cercanías de la población. En este fenómeno influyó la construcción del Embalse de El Atazar, que anegó algunas de las mejores fincas, además del molino de El Riato e incluso la carretera nueva que se había construido tras la guerra, y que iba al pueblo vecino de Cervera. Sin duda, esto empeoró el histórico aislamiento de la localidad. En cuanto a la ganadería, sufrió un proceso similar.